Los músicos noveles,
amateurs o semi profesionales (en donde se podrían englobar la mayoría de los
que actúan y viven en una provincia pequeña como Castellón) siempre habían
tenido una desventaja a la hora de difundir y dar a conocer su obra: la
necesidad de intermediarios. Primero había que grabar una demo o maqueta en
ciertas condiciones, lo cual era bastante caro. Incluso los modestos multipistas que grababan en cintas de
cassette no aseguraban un resultado decente aunque, con cierta habilidad,
podría quedar apañado. Un estudio de grabación serio era caro de alquilar,
aunque ya en los años 90 empezaron a aparecer estudios de presupuesto más
moderado que eran capaces de, por un módico precio, grabar una demo más que
digna.
Con una maqueta, fruto de
sangre, sudor y lágrimas, ya se podían hacer tres cosas: buscar conciertos (los
dueños de salas y locales solían exigirla), enviarla a los medios y buscar
discográfica. Evidentemente, lo primero tenía un mayor éxito (aunque no tanto
como el deseado) y lo segundo era tentar a la suerte. La autoedición de esa
maqueta, aunque fuera en una modesta tirada en formato cassette, no era
descartable. Y se podía vender después de los conciertos para compensar el
gasto de la grabación. Las posibilidades que los equipos informáticos abrieron
para la clonación de CDs barrió los cassettes y esas maquetas se
convirtieron en discos autoeditados. A veces, por la vía legal, pero otras eran
ediciones piratillas que buscaban lo apuntado antes, compensar los gastos.
También podía ocurrir que se
fichara por una compañía discográfica, que hacía las veces de intermediario
entre artista y público. Esta tenía los medios y el conocimiento para conseguir
que los modestos objetivos de compensar los gastos fueran, incluso, un poco más
allá y obtener ciertos beneficios. Y, con suerte, hasta alcanzar el éxito.
Las nuevas tecnologías no es
que hayan variado sustancialmente esto. Pero sí han facilitado muchos de esos
procesos. Los ordenadores pueden grabar mejor que aquellos multipistas de
cassette. Quizá no como en un estudio profesional, pero han mejorado sustancialmente
las calidades medias de las grabaciones caseras. Ya hemos apuntado a los
copiadores de CD para hacer ediciones domésticas, pero la aparición de formatos
comprimidos como el mp3 también permitió que las canciones registradas no
tuvieran que estar recogidas en formatos físicos para poder enviarse. Unos pocos
megas por archivo caben en el correo electrónico. Esto, por ejemplo, redujo
sustancialmente ese gasto en mailing que se gravaba sobre un grupo o artista al promocionarse.
Y con la mención al correo
electrónico, llegamos a Internet. Los
websites permiten a los músicos tener su propio hogar en el ciberespacio donde
dar a conocer su obra e informar de sus actividades, así como de dejar a
disposición de quien le interese un book de fotos o de colgar vídeos de
sus actuaciones (el tema del audiovisual tendrá un desarrollo más adelante por
su importancia propia). Pero crearse una web también es costoso. O tienes un
amigo informático y generoso, o te dejas la pasta en pagar a un diseñador.
Puede merecer la pena y ser muy satisfactorio, pero no siempre rentable.
Evidentemente, cuando se
tiene una discográfica apoyando e invirtiendo dinero en un artista o grupo,
esta se encarga de la web y de lo que haga falta. Aunque hay grupos que, pese a
no tener un sello detrás, la tienen, como en el caso de Mr. Pink. Pero cuando no es así, es necesario algún método más asequible al músico novel o más modesto en medios. Y
es en estas cuando aparece Myspace en 2003 para cubrir esta necesidad.
Myspace no está pensado
específicamente en músicos, pero lo cierto es que estos lo aprovecharon (y
aprovechan aún) más que nadie y de forma muy generalizada. De tal forma que
hasta los que tienen contrato con compañías crean el suyo. Con un diseño previo
(aunque personalizable, véase el caso de Furious People), permite colgar música, vídeos (también enlazados de
youtube u otras páginas), fotos, agenda de conciertos y actividades, noticias
propias y, como red social, el intercambio con otros usuarios. Durante la
primera década del siglo XXI tuvo una importancia capital para que los músicos
pudieran dar a conocer, sin intermediarios, su obra. Tanto a medios, como
dueños de locales, como a discográficas. Pero, de un tiempo a esta parte, el
uso de esta red de espacios personalizados ha descendido.
La irrupción de Facebook,
Twitter o Tuenti ha restado popularidad al viejo Myspace. Aunque, por lo que
este redactor ha observado en el último curso, se sigue usando. Un importante
número de los grupos y artistas que han actuado en una sala castellonense desde
octubre hasta junio de este año sigue usando y manteniendo actualizado su
myspace en la actualidad, sin perjuicio de otras herramientas. Por lo menos, en
lo que a artistas provinciales se refiere, pero también muchos de los foráneos. Esta observación viene dada de la experiencia
de haber realizado notas de prensa de esa sala en las que ha habido que
hipervincular a los espacios propios de estos grupos o artistas en la Red. Y en
muchos casos ha merecido la pena hacerlo al Myspace.
Pero sí es cierto que el
edificio del myspace da la sensación de estar más vacío. Más que nada porque,
como apunta Cristian Arenós, de El Mono Desnudo, los únicos usuarios activos son
del gremio. “Con el Myspace ahora solo llegas a otros músicos. La gente está
ahora en otros sitios y hay que buscarla”. Y esa gente está en las nuevas
redes, sobre todo en Facebook, (véase, por ejemplo a Puk*2), aunque no hay que descartar las otras. Twitter,
porque hay que estar allí si se obtiene relevancia para que puedan seguirte.
Tuenti, por ejemplo, tiene un perfil de usuario más determinado pero si se quiere
llegar a él, también es conveniente. De
hecho, es conveniente no descartar nada. La aparición del Bandcamp para la escucha y
descarga (gratuita o de pago) aumenta el número de puertas abiertas en la Red y
no son pocas las formaciones que están migrando del Myspace allí para dar a
conocer sus canciones, como es el caso de bandas como Balloon Flights.
Internet facilita las
opciones de hacerse visible pero no es la panacea democrática que se ha creído.
Gracias a los nuevos medios, se evitan incomodidades y se abaratan los medios
de autopromoción. Pero convertirse en un fenómeno mediático sigue dependiendo y
mucho (aunque si bien es cierto que ya no exclusivamente) de pertenecer a una
compañía discográfica que disponga de medios, dinero para promocionar y de
expertos en comunicación que faciliten la viralización de una canción o de un
artista. Y, en esto, el formato audiovisual
es absolutamente clave puesto que todos los fenómenos musicales de
Internet vienen acompañados de imagen en movimiento. El audio por si solo ha
dejado de ser suficiente. Pero, sobre esto, nos extenderemos más adelante como
ya hemos apuntado arriba.
En cualquier caso, se puede
llegar a una conclusión. Las nuevas tecnologías han facilitado muchísimo en los
últimos 15 años el trabajo de autopromoción del músico en una serie de puntos:
- Grabaciones caseras de demos mejor calidad.
- El almacenamiento comprimido del audio que permite abaratar su envío por el correo electrónico y su subida al ciberespacio para que sea escuchada o descargada desde allí.
- Espacios propios en Internet para darse a conocer.
- Presencia en Redes Sociales, cerca del público potencial sin salir de casa.
- Mayor facilidad de producir productos audiovisuales, de mejor o menor calidad en imagen y sonido, que ayudan a la visibilidad de un artista.
Y se puede dar fe de que
estas cosas, no sólo no se están desaprovechando sino que ya son, cada vez más,
una actividad habitual, incluso cotidiana, en los músicos de todo el mundo. Y, por supuesto, en los
de Castellón.




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